El blog de Tere Guerrero

Hechos 4:20 "porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído."

Blog y verso

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Hechos 4:20 "Porque no podemos dejar
de decir lo que hemos visto y oído".

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Testimonios

La fibromialgía y yo.

A la edad de veintinueve años,  en el sexto mes de embarazo de mi primogénito Alex,  empecé  a batallar con mi  salud,   dolor crónico del nervio ciático, lo cual me afectó física, emocional y espiritual, fue la primera  vez en mi vida que me enfrentaba a una enfermedad crónica.

Empezó el viacrucis de doctores, terapias, quiroprácticos, radiografías etc, al nacer mi hijo comencé la búsqueda de una cura a mi ahora dolor  crónico de espalda. Pasó un año y yo no estaba rehabilitada,  cuando me    enteré que de nuevo estaba embarazada, la sorpresa fue mayúscula ya que  ganar peso en esos momentos me perjudicaba. Tuve un tiempo de gestación sumamente difícil porque  seguía en constante dolor y no podía tomar ningún analgésico.

Omitiré un sinfín de detalles, pero el dolor crónico me acompaño durante 2 décadas, periodo en el cual nunca me separé de Dios, ni de la iglesia, ni del servicio, voy a entrelazar otro  capítulo de mi vida el cual encontrarás también en este blog “la llegada de mi mamá a vivir en mi casa” por allá del año 2004, y al paso de los años la vejez y enfermedad llegaron a su vida  afectándole con ceguera y alzheimer,  alrededor  del  año 2013. Emocionalmente esto me afectó  hasta devastarme en la salud ya que mis padecimientos iban en aumento, siendo diagnosticada con fibromialgía en el año 2014, si tu conoces esta enfermedad no necesito narrarte lo que sufrí, se fueron añadiendo al dolor físico, confusión mental, insomnio, depresión y fátiga crónica.   

A mediados del año 2017 falleció mi preciosa mamita  y ese doloroso acontecimiento derivó para decidir  tener el  valor y la  aceptación de necesitar ayuda y  decidí ir con el especialista, cabe mencionar que tarde mucho tiempo en saber que rama de la medicina atendía la fibromialgia, fibro-¿qué? ¿Qué es eso? ¿Con que se come? Me preguntaban y no podía faltar la persona o cúmulo de personas que me recriminaban  e irritaban al decir  que  esa enfermedad no existe o es de origen emocional.

 

 

 

Por fin llegue al reumatólogo uno de los mejores de la ciudad,   y empezó la medicación: antidepresivos, analgésicos, inyecciones, multivitamínicos etc. Al asistir   a las consultas poco a poco me retiraba algún medicamento,  más  no tenía  una mejoría significativa,  hasta que en una ocasión me dijo el doctor:

-Mi reina, la medicina hace su parte, pero usted tiene que hacer la suya,  y sabe a lo que me refiero.

En ese momento sentí como un balde de agua fría,   ya algunas personas  me habían dicho algo similar,  en síntesis,  yo estaba enferma  por mi culpa; tenía que encontrar las respuestas en mi interior. ¿Cómo? si yo soy una persona de fe, creo en Dios fervientemente, para mí fue como una afrenta, una ofensa ¿Cómo podían siquiera poner en duda mi espiritualidad?

Añadiendo tristeza a mi tristeza y confusión, rogué e imploré a Dios como nunca por un milagro, llevaba 19 años con dolor crónico, desde los embarazos de mis hijos a esa fecha, pero esto ya había rebasado los límites en todos los ámbitos de mi vida, mi enfermedad se había convertido en  algo que competía con Dios en mi corazón, porque toda mi vida giraba en torno a ella,  al ocupar la mayor parte de mis pensamientos y esfuerzos durante el día.

Clamé, rogué e imploré como nunca por un milagro,  oré a Dios de diferente manera pues por años yo creí haber aceptado con  resignación mis dolencias como una santa, que digo una santa,  una martír, “Santa Teresa Martír del Calvario y Peña de Bernal” o algo así era mi nombre. Pero me quebranté al reconocer que nunca le había entregado la enfermedad a Dios,  ni tampoco oraba con fe que  me curará, que me concediera el milagro.

Pero Dios en su misericordia, y teniendo mejores planes para mí de lo que yo pudiera siquiera soñar e imaginar, me llevó con una bella persona creyente de profesión psicoterapeuta,  quien gracias a sus conocimientos académicos pudo detectar en mi infancia y pubertad algunas heridas que nunca cicatrizaron y que  me perseguían y afectaban  en mi vida adulta, heridas que  paralizaron mi vida en muchos aspecto, afectando directamente mi cosmovisión ya que el concepto que yo tenía de mi  Padre Celestial estaba empañado por episodios dolorosos de esas etapas de mi vida.

 

 

Al dar un vistazo en  mi interior, encontré que mis emociones más profundas que se habían quedado mutiladas,  me  reté a conocer mejor a mi Dios,   mi verdadero padre eterno, fiel y amoroso;  pudé empezar el trabajo de restauración de mis emociones,  ya que todo lo que me acontecía hasta ese punto de mi vida yo lo veía como una amenaza, como algo imposible de enfrentar, con un pesimismo enorme, pero dije  -no más, no más, no más, hasta aquí-   decidí. Lleve todo esto a la cruz, mi incapacidad de procesar los eventos negativos en mi vida, la enfermedad, la reciente perdida de mi mamá, etc, las circunstancias adversas siempre existieron y siempre existirán,  estaba en mí y solo en mí,  aceptarlo, llevarlo a Dios en oración y por primera vez descansar en él de todo corazón. No quejarme, no sufrirlo, no lamentarlo, no reclamarle a Dios por la prueba o por el tamaño de la prueba. Dejar a Dios simplemente ser Dios y que actuará de manera soberana en mi vida, porque mi vida le pertenece como todo en este universo le pertenece.

Fue un trabajo conjunto con esta bella persona en donde rascamos mi alma, curando las heridas llevándolas a Dios en oración y leyendo la biblia, una oración nueva, fresca, llena de fe, con la convicción que en esta ocasión Dios respondería positivamente y por el otro lado fiel al tratamiento médico que todavía estaba tomando.

Para mayo de 2018 di el paso de fe: dejar los antidepresivos de tajo, no más muletillas, debía confiar en Dios de manera absoluta y tajante, pase 15 días difíciles porque mi cuerpo me pedía la sustancia pero al termino de esos días que me parecieron eternos,  Dios obró el milagro, por fin  había logrado abandonarme en sus brazos, Él había puesto el perdón que  necesitaba derramar hacia mis padres ya fallecidos por  que sentía  que ellos me habían fallado, no puedo precisar un día pero  empecé a sentir fuerzas, energía, animo, el dolor desapareció de manera general. (Quiero hacer la aclaración que Dios me curó específicamente de la fibromialgia, sigo con achaques de osteoartritis y  mecánicos en la columna)

 Pero para mí es, fue y será un milagro latente en pleno siglo XXI siendo testimonio para  los que dicen que Dios no obra milagros en la actualidad, yo soy un vivo ejemplo que Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Llegué a la cita con el especialista reumatólogo y me hizo las preguntas de siempre: ¿insomnio? -no, -¿fátiga crónica? – ya no, Doctor. Me oscultó los 18 puntos gatillo de la fibromialgía y voilà no más dolor, ¿sigue tomando antidepresivos? -No Doctor los deje hace 2 semanas. – ¿Quéeeee dice?

Se quitó los lentes, sacudió la cabeza en señal de franca incredulidad y sorpresa y me dijo –Mi reina la tengo que dar de alta, usted ya no tiene fibromialgia.

Yo lo sabía porque realmente quien me curó fue Dios, pero de manera responsable  hice mi parte, ajusté cuentas, tomé mi tratamiento, perdoné a quien tenía que perdonar,  incluyéndome a mí misma, pedí perdón, puse todo en las manos de Dios,  por primera vez en mucho tiempo hice las cosas en el orden correcto dándole el primer lugar de Dios a Dios.

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