El blog de Tere Guerrero

Hechos 4:20 "porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído."

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Bendita enfermedad

Bendita enfermedad

“El buen ánimo sostiene en la enfermedad, pero el ánimo abatido, ¿Quién lo soportará?” Proverbios 18:14

Es un hecho que en esta vida experimentamos enfermedad, algunas personas más que otras, pero nadie se escapa de sufrir quebranto en la salud,  como parte de nuestra naturaleza humana. Sin embargo, el Proverbio nos invita a tener buena actitud, un buen ánimo para enfrentar las dificultades de salud. ¿Por qué?

El dolor es parte de la vida, lo que lo hace diferente es como lo tomamos, como un maestro o como enemigo. Nuestra actitud es la opción. El dolor es algo real y tangible y debemos escoger pasar por ahí de la mejor manera posible, con ánimo, agradecimiento y buscando la voluntad de Dios en medio de ello. Si tengo dolor, ¿qué habla Dios a mi vida?

El sufrimiento es un concepto subjetivo, que viene de dentro de nosotros. No se puede tocar y en mucho es cultural, lo aprendemos. El sufrimiento es opcional, decidimos sufrir. Realmente el sufrimiento depende de nuestra actitud en medio de la enfermedad, no de la enfermedad en sí.

Para cambiar nuestra mirada hacia la enfermedad tenemos solo dos opciones:

1.- Abatidos, de mal humor, quejándonos constantemente y afligiendo doblemente a quien esta a nuestro alrededor, por el malestar físico y por el mal manejo que tenemos de la situación. Manifestamos tristeza, mal humor, enojo, etc.

2.- De buena actitud, agradecidos ya que Dios lo utiliza para acercarnos más a Él. Confiados porque nuestras vidas están bajo el absoluto control de Dios y, por lo tanto, ningún padecimiento durará para siempre.

Aprendamos buscando posibilidades, nuevos tratamientos, medicina alternativa, ejercicio, cambiando hábitos, mejorando la alimentación, compartiendo una buena taza de café con un amigo, reforzando nuestra oración y comunión con Dios.

Si aún con todo esto seguimos enfermos, no debemos permitir que nuestro espíritu desfallezca. Aferrémonos a nuestro Señor y Salvador, pues Él tiene un propósito de dimensiones eternas en medio del dolor y la enfermedad.

¡Bendita enfermedad! Me acerca más a mi Creador, me debilita para que Dios me fortalezca, me hace indefenso para que Dios me defienda, y me aflige para que Dios me consuele.

El buen ánimo sostiene en la enfermedad, pero el ánimo abatido, ¿Quién lo soportará?

Ante todo esto, ¿te seguirás dejando abatir por la enfermedad, o tendrás buen ánimo al confiar en Dios?

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